Umbral del hechizo. Memorial de espumas
Umbral del hechizo. Memorial de espumas
Zaragoza, Ediciones Arbalea, 2009
Esta entrega contiene dos libros de poemas. Umbral del hechizo es testimonio de momentos vitales en los que la tierra, como ubicación temporal y hasta como elemento esencial de la naturaleza, juega un papel destacado.
A lo terrenal se suma la preocupación del escritor por la muerte, simbolizada en poemas de honda factura que sugieren visiones de reflexión íntima. Es un libro breve pero intenso, plagado de vetas cálidas y sentimentales, en el mejor sentido del término. El lirismo anchuroso de Serna se contrapone y modera a base de una dosis bien calibrada de disciplina académica. Sus poemas, han sido medidos y trabajados hasta el detalle, con escrupulosidad, de modo que los ritmos, la medición silábica y la rima tienen en estos dos poemarios, tanto en Umbral del hechizo como en Memorial de espumas, un papel muy especial. Las asonancias priman en ambos libros, si exceptuamos, como es natural, los poemas estróficos que aparecen a lo largo de las obras: sonetos y liras.
El poema viene dado a veces como juego expresivo. Así aparecen magníficos caligramas de impecable consecución estética, y poemas acrósticos en los que, además de plasmar sentimientos íntimos, el autor nos hace partícipes del juego y el deleite.
Umbral del hechizo se divide en dos partes. La primera, titulada "Poemas de la tierra fría", se dedica a glosar el elemento espacial de la tierra en la que el ser humano se desarrolla. El pueblo, el origen, la esencialidad del hombre. En la segunda parte, "Poemas del umbral indecible", Ricardo Serna expresa su obsesiva preocupación por el paso del tiempo, amenazador de la vida y la existencia. La soledad le preocupa, y el destino del hombre tortura su pluma.
Pero es en Memorial de espumas donde Ricardo Serna se abandona con una mayor placidez en brazos del recuerdo. En este libro, los poemas –algunos magníficos por su trabajada estructura interna– hacen de la memoria el arma lírica por excelencia, recreando el paso del tiempo a través de personas que tuvieron un destacado protagonismo en la vida del escritor, y que lo siguen haciendo todavía en algunos casos. Gentes, sitios, amores y amigos se recrean verso a verso con las constantes susodichas: lirismo, sentimiento a flor de piel, estética rigurosa, disciplina en la medida, el ritmo y la rima, y una ejecución del poema como expresión de esencialidad y de juego secreto.
He aquí una muestra de los dos poemarios. El primero de los poemas pertenece a Umbral del hechizo, y se trata de un soneto con estrambote. El segundo, en cambio, es de Memorial de espumas y está preñado de sentimiento y emoción.
II
Zaragoza, Ediciones Arbalea, 2009
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Portada del libro |
A lo terrenal se suma la preocupación del escritor por la muerte, simbolizada en poemas de honda factura que sugieren visiones de reflexión íntima. Es un libro breve pero intenso, plagado de vetas cálidas y sentimentales, en el mejor sentido del término. El lirismo anchuroso de Serna se contrapone y modera a base de una dosis bien calibrada de disciplina académica. Sus poemas, han sido medidos y trabajados hasta el detalle, con escrupulosidad, de modo que los ritmos, la medición silábica y la rima tienen en estos dos poemarios, tanto en Umbral del hechizo como en Memorial de espumas, un papel muy especial. Las asonancias priman en ambos libros, si exceptuamos, como es natural, los poemas estróficos que aparecen a lo largo de las obras: sonetos y liras.
El poema viene dado a veces como juego expresivo. Así aparecen magníficos caligramas de impecable consecución estética, y poemas acrósticos en los que, además de plasmar sentimientos íntimos, el autor nos hace partícipes del juego y el deleite.
Umbral del hechizo se divide en dos partes. La primera, titulada "Poemas de la tierra fría", se dedica a glosar el elemento espacial de la tierra en la que el ser humano se desarrolla. El pueblo, el origen, la esencialidad del hombre. En la segunda parte, "Poemas del umbral indecible", Ricardo Serna expresa su obsesiva preocupación por el paso del tiempo, amenazador de la vida y la existencia. La soledad le preocupa, y el destino del hombre tortura su pluma.
Pero es en Memorial de espumas donde Ricardo Serna se abandona con una mayor placidez en brazos del recuerdo. En este libro, los poemas –algunos magníficos por su trabajada estructura interna– hacen de la memoria el arma lírica por excelencia, recreando el paso del tiempo a través de personas que tuvieron un destacado protagonismo en la vida del escritor, y que lo siguen haciendo todavía en algunos casos. Gentes, sitios, amores y amigos se recrean verso a verso con las constantes susodichas: lirismo, sentimiento a flor de piel, estética rigurosa, disciplina en la medida, el ritmo y la rima, y una ejecución del poema como expresión de esencialidad y de juego secreto.
He aquí una muestra de los dos poemarios. El primero de los poemas pertenece a Umbral del hechizo, y se trata de un soneto con estrambote. El segundo, en cambio, es de Memorial de espumas y está preñado de sentimiento y emoción.
II
Parece la tierra un mundo obsoleto.
Hoy queda muy triste, gris, azulada,
un puro atardecer de calma helada.
El orbe semeja un frío esqueleto.
No entiendo al mar, ni al sueño, ni al soneto,
no comprendo a tu dios ni aspiro a nada.
Busco el amor, la piel en flor, la llama
de otro aliento perdido en un terceto.
Y aquí están los versos, hijos dorados
de una tierra que sucumbe y reposa
en el crudo plañir de los arados.
No quiero que te alejes tan quejosa
del eco de los bosques, de los prados
y los ríos. Ven, no pido otra cosa.
He de vivir si tú quieres, donosa
beldad de mi entretela, suspendido
en un limbo de tierra y de gemido.
XIV
A mi madre muerta (6-X-1999). In memoriam
Que sea el paraíso
testigo de tu ensueño.
Que se alce ilimitada
la paz del camposanto
y el vuelo de la alondra,
sosiego de tus huesos.
Que sea el paraíso
reposo de tu aliento
y tengas siempre, madre,
el trono de tu reino.
Que custodien tu estado
los pájaros del tiempo
y guarde tu esqueleto
la esencia de los vientos.
Que sea el paraíso
notario de tus hechos.
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