Masonería y Literatura. La Masonería en la novela emblemática de Luis Coloma

Masonería y Literatura. La Masonería en la novela emblemática de Luis Coloma
Madrid, FUE (Fundación Universitaria Española), Serie Monografías nº 71, con Prólogo de José Antonio Ferrer Benimeli, 1998.

Portada del libro

      El autor estudia en profundidad la masonería y lo masónico en la famosa novela Pequeñeces, publicada en 1890 por el escritor jerezano Luis Coloma (1851-1915).
      Se ahonda en el argumento de la novela de Coloma y se analiza el valor de los personajes y demás elementos masónicos que el jesuita nos presenta en su libro. Estamos ante un impecable ensayo de investigación, escrito no obstante con amenidad. Es más original si cabe por el hecho de que Pequeñeces se fue convirtiendo con el tiempo en una novela mítica que, a pesar de su popularidad, pocos han estudiado con seriedad hasta la fecha. El escritor no se conforma con el análisis de la novela del padre Coloma, sino que contempla las influencias que la vida de éste y la sociedad de su tiempo pudieron ejercer en la ejecución del polémico relato del sacerdote.
      Ricardo Serna, desde su doble faceta de escritor e historiador, conoce bien los entresijos de la creación literaria, y sabe calar con tino en los lectores. El libro viene avalado por una cuidada edición de la prestigiosa Fundación Universitaria Española [FUE] de Madrid, y prologado por José Antonio Ferrer Benimeli, profesor emérito de Historia Contemporánea de la universidad de Zaragoza y especialista en historia de la masonería. Mejores padrinos, imposible. Un libro que nace con el propósito de enseñar entreteniendo.

A continuación, un fragmento del capítulo titulado El primer libro. Un oscuro incidente, donde Ricardo Serna vuelca ideas novedosas que son resultado de sus investigaciones sobre el padre Coloma.

      «Al año siguiente, en 1872, publica varios artículos, entre ellos uno titulado El día de difuntos, que sale en El Progreso el 1 de noviembre. Según algunos biógrafos del jesuita, debió ser escrito en los días en que Coloma estuvo convaleciente de una herida de bala en el pecho, herida gravísima que estuvo a punto de dar con sus huesos en la tumba.
      Este episodio ha sido interpretado de mil y una maneras. Se dijo que el balazo recibido fue consecuencia de un duelo, una posibilidad sin duda muy romántica pero escasamente probable. También se comentó que la herida no fue de bala, sino de arma blanca, y que se la habían producido a Coloma en Sevilla, en una reyerta por un asunto de amoríos, el día de la inauguración del café de Emperadores. Debió comentarse esta posibilidad a raíz de la publicación de un artículo de don Genaro Cavestany en El Liberal, de Sevilla y en El Diario de Cádiz, una vez  fallecido Luis Coloma. Dicho artículo, con el título de Cómo se inauguró el café de Emperadores, se recogió luego, además, en el libro Memorias de un sesentón sevillano (Sevilla, 1917) [4].
      La tercera teoría sobre el incidente habla de que a Coloma se le pudo disparar una pistola de forma accidental. Hay una carta de Fernán Caballero dirigida al poeta Fernando de Gabriel, fechada en Sevilla el 7 de octubre de 1872, en la que se puede leer: "El pobre Coloma, el moro de paz por excelencia, compró una pistola, instrumento que le sentaba como a Napoleón I una lira, y al cargarla se le fue el tiro, pero con tan buena suerte que no se mató, como debería haber sucedido" [5].

Coloma a los veintitrés años de edad

      Por su parte, Emilia Pardo Bazán, en la Biografía de Coloma, dice: "...hirióle en el pecho una bala de revólver... Este lance lo atribuyeron algunos a misteriosas causas; pero los mejor informados aseguran que Luis Coloma se hirió a sí mismo involuntariamente, en ocasión de estar limpiando el arma en su cuarto".
      Creo que hubo algo más en el asunto, como parece ponerlo en evidencia un artículo, aparecido en ABC, y firmado por Pemartín, donde se puede leer: "En aquella habitación, de bruces sobre la mesa, gravemente herido de un tiro de pistola, yacía Luis Coloma. La ilustre y venerable personalidad... a quien debo estos detalles, testigo aún viviente de ellos, no puede –o tal vez no quiere– precisar su pormenor. ¿El motivo? Mi ilustre interlocutor me deja entrever el de aquella locura de juventud en el amor rival por una bellísima señorita..." [6]. Me inclino a pensar, sin embargo, que no estuvo en el amor la clave del incidente. Habla Hornedo de la existencia de una carta del padre Gonzalo Coloma, hermano de Luis y jesuita como él, dirigida al padre Eguía, en la que Gonzalo baraja la posibilidad de que Luis pudiese haber resultado herido por una disputa política. Escribe Gonzalo: "Probablemente ese tiro se le disparó alguien, masculino, después de una acalorada disputa ¿amorosa?; no, seguramente; ¿política?, quizá..." [7]. Lo que parece probado es que no se hirió él mismo accidentalmente, como escribe Fernán en la carta a Fernando de Gabriel, de 7 de octubre de 1872, sino que alguien le dio el tiro deliberadamente.



[4] El propio Coloma lo recuerda en sus escritos a propósito del relato de otra bronca que describe. Dice así: "un estudiante de Derecho de los últimos cursos, jerezano por más señas, resultó gravemente herido de un navajazo, a mediados de septiembre de 1868, el día que se inauguró en Sevilla el café de Emperadores". No añade nombres ni otros datos, pero la fecha que da es significativa, pues no coincide con la de 1872, año en que resultó herido él. Hornedo alega en su estudio que "ese estudiante no pudo ser Luis Coloma" porque "recién terminado el bachillerato llegó por vez primera a Sevilla a mediados de septiembre de 1868. Y cuatro años después, en 1872, fue herido de un balazo en el pecho. Se trata, pues, de dos hechos distintos". El alegato de Hornedo me parece razonable, aunque también cabe la posibilidad de que el susomentado café sufriese alguna reforma o algún cambio radical y se reinaugurase con el mismo nombre en 1872, cosa que se nos antoja –por otra parte– muy poco probable.
[5] Reproducida en ASENSIO, José María, Fernán Caballero y la novela contemporánea, Madrid, 1893.
[6] PEMARTÍN, José. ABC, Madrid, 1 de octubre de 1952.
[7] Epístola del P. Gonzalo Coloma al P. Eguía, de fecha 9 de agosto de 1915.

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