Presentación del autor a sus lectores

 
Autorretrato de Ricardo Serna [2013]
 Amigos, buenos días. Me llamo Ricardo Serna y soy escritor. Nací el siglo pasado, en el año 1954, pero todavía -a ratos- me siento actual y combativo. Tengo dicho en algún sitio -no recuerdo dónde- que cada cual es lo que se siente. Yo me siento sin duda escritor porque llevo impresa en el alma esta vocación por la literatura desde antes, incluso, de pergeñar mi primer cuento, cosa que hice en el invierno de 1967, con trece años de edad. Por cierto que ese relato se me extravió, lo mismo que una novela de intriga, ambientada en la Francia ocupada de la segunda guerra mundial, que me dio por escribir al año siguiente en el colegio. Ignoro dónde fueron a parar aquellos primeros tan ingenuos manuscritos. 
¡Qué tiempos, y qué generosas pulsiones nos impelían a movernos con envidiable espíritu de juventud! La vida va pasando y, aun sintiéndonos por dentro igual que a los treinta, lo cierto es que los años no pasan jamás en balde.
   Asumo la convicción de que escribir es un acto de afirmación personal y una labor taumatúrgica que permite imaginar y levantar universos exclusivos en los que sentirse dueño y señor de actos y voluntades.
   La escritura es poder, no cabe duda. Escribir es también, lo reconozco, una forma de morirse poco a poco sin moverse del sitio, aunque prefiero pensar que a la vez es una herramienta útil para imaginar eriales donde alzar luego estructuras nacidas del ensueño o de la voluntad artística. El auténtico milagro de la literatura estriba en hacer habitables esos mundos paralelos, en el trance de diseñar vidas y destinos, y por encima de todo en el hecho trascendental de poder transmitir emociones y sentimientos propios a través de la palabra.
   Hace poco dije, en un debate universitario al que me invitaron en Pamplona, que la literatura es una forma de aprehender la vida. Y no me parece mala definición, así que me reafirmo en ella completamente.
   En definitiva, anotar que escribir es una labor intelectual que me ayuda a tender ese extraño, ansiado y casi siempre anónimo puente de cercanía con mis semejantes, seres varados en la vida real que a veces vienen a fundirse y confundirse con mis personajes de ficción, forjando entre todos un maremágnum amable y sugerente en el que la existencia se hace una con el juego literario, hijo natural de la imaginación activa.
   Cada día con más frecuencia, tiendo a confundir ambos espacios, a identificar mejor y sin conflicto vida y literatura, de modo que lo literario se instala con firmeza en mi cotidianidad y ésta, a su vez, en los abrigos y cavernas que la creación ofrece generosa a mi evidente condición humana.
   Los lectores son para mí, por tanto, los destinatarios del esfuerzo creativo, el último peldaño en una fatigosa escalera de caracol que conduce, invariablemente, hasta el libro impreso. Sin embargo, aunque a primera vista parezca contradictorio, sé que no escribo para mis lectores sino de forma indirecta; lo hago, sobre todo, por cubrir una necesidad perentoria que me acucia el espíritu. Puede que algunas personas no entiendan esto, pero siempre he creído que un escritor no debe estar pendiente de lo que busca la masa de lectores. Si lo hace así, se plegará a las modas y terminará siendo esclavo de los vaivenes sociales y culturales. Porque no olvidemos que, a fin de cuentas, el mundo de la cultura también se mueve por tendencias y modas cambiantes. Hay que procurar que la literatura que uno hace nazca de dentro, de ese ámbito sincero donde germinan y se desarrollan los auténticos valores humanos. Si uno hace esa literatura, si uno crea belleza en cualquiera de sus formas, y hay muchísimas, ya no tiene que justificarse más.
Serna en un viaje por el pirineo francés [2011]
   Hablo de justificaciones porque a veces se oye por ahí la dichosa monserga de que el escritor, como intelectual responsable, ha de fundirse con su tiempo y está obligado a ser correa de transmisión de las reivindicaciones sociales. Yo no comulgo con esto, y discúlpenme los lectores tanta sinceridad.
   Para mí, y respetando al máximo posturas distintas, el intelectual se debe solo a la honestidad creativa. Y nada más. Porque, si su literatura es honesta, incorporará de alguna forma los anhelos de su tiempo y de su gente en los trabajos que firme. Lo otro -y así lo creo sin pestañear- es hacer política aprovechando la plataforma literaria. Conste, ya digo, que respeto a quien lo hace, aunque no es mi manera de comprometerme como intelectual. Cada uno, a lo suyo. A mí me parece tan comprometido como intelectual un Juan Ramón Jiménez que un Rafael Alberti, por ejemplo.
   No quiero alargarme más de lo prudente. Así me lo han solicitado con insistencia. Por eso, me voy a ir despidiendo, amigo lector, no sin añadir que este sitio pretende hacerte pasar un buen rato, distraerte con amabilidad y, si pudiera ser, abrirte de paso los horizontes modestos de mi obra literaria. Comprobarás sin tardanza que este sitio no tiene doblez; ni interés alguno siquiera. Solo pretende ser punto de confluencia de mis lectores, compañeros y amigos. Un sitio donde hallar literatura en sus diferentes hechuras y géneros, y un centro de reunión vinculado a la creación y al buen decir en el que, desde ahora mismo, estás invitado a participar. Ojalá puedas hallar alguna de estas cosas a lo largo de las entradas que ponemos a tu disposición. Quiero, pues, darte mi bienvenida a este blog. Espero que la información que se ofrece en él te sea de utilidad. Deseo que disfrutes con la lectura de este diverso contenido, y también de mis libros, tanto como yo gocé al escribirlos.
   Estos piélagos serenos esperan a los Ulises que deseen emprender el camino de Ítaca. ¿Te animas? Si es así, serás muy bien recibido en esta nave.


Un cordial saludo
Ricardo Serna
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1 comentario:

Ashley_Silvy dijo...

Hola. Soy Silvia, de Zaragoza, y tuve el placer de conocerle cuando dio una charla en mi clase, en Santo Domingo de Silos, hace unos cuantos años.
Me han encantado todas las obras que he podido leer (Aún me quedan unas cuantas... pero estoy en ello).
El libro "Caballeros de la luz" ha sido uno de mis preferidos desde que lo leí, sus historias me captaron de tal modo que me sentí dentro de ellas.
Solo quería agradecerle su trabajo, pues supuso una gran fuente de inspiración para una aficionada a la escritura como yo. No soy una gran escritora, seguramente mis historias son pésimas pero las escribo para evadirme... aunque algunos de los que me leen parecen entusiasmarse por ellas.

Por eso me he animado a escribirle, pues sé lo que supone que alguien aprecie el tiempo invertido. Aunque yo sólo lo haga por puro entretenimiento, es agradable... y leer comentarios así en días malos, ayuda bastante a sobrellevarlos.

Gracias por ayudar con sus obras a entretener y hacernos olvidar por unos instantes la rutina.

Un saludo.