Masonería y Literatura. La Masonería en la novela emblemática de Luis Coloma
Madrid, F.U.E. (Fundación Universitaria Española), Serie Monografías nº 71, con Prólogo de José Antonio Ferrer Benimeli, 1998.
Serna profundiza en el argumento de la novela de Coloma y estudia el valor de los personajes y demás elementos masónicos que el jesuita nos presenta en su libro.
Estamos ante un impecable ensayo, escrito con claridad y una lengua escogida, aunque no por ello menos grata. Es más original si cabe por el hecho de que Pequeñeces se fue convirtiendo con el tiempo en una novela mítica que, a pesar de su fama, pocos han estudiado con hondura. Por otra parte, el escritor no se conforma con el análisis lineal de la novela del padre Luis Coloma, sino que contempla las influencias que la vida de éste y la sociedad de su tiempo pudieron ejercer en la ejecución del polémico relato del sacerdote.
Ricardo Serna, desde su doble faceta de escritor de culto y de profesor, conoce bien los entresijos de la creación literaria, y sabe calar con tino en los lectores.
El libro viene avalado por una cuidada edición de la prestigiosa Fundación Universitaria Española [FUE] de Madrid, y prologado por el doctor José Antonio Ferrer Benimeli, eminente especialista en Masonería española y profesor titular emérito de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza. Mejores padrinos, imposible. Un libro que nace, como el mismo autor admite, con el digno propósito de enseñar entreteniendo.
Reproducimos a continuación uno de los capítulos del libro, titulado El primer libro. Un oscuro incidente, donde Serna vuelca ideas sugerentes y muy novedosas como resultado de sus propias investigaciones sobre el padre Coloma y su curiosa biografía.
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Reproducimos a continuación uno de los capítulos del libro, titulado El primer libro. Un oscuro incidente, donde Serna vuelca ideas sugerentes y muy novedosas como resultado de sus propias investigaciones sobre el padre Coloma y su curiosa biografía.
«Pasados los iniciales titubeos de
principiante, Coloma consigue ver impreso su primer libro en el mes de abril de
1871. El editor Pérez Dubrull, por influencia y mediación de Fernán Caballero,
editó Solaces de un estudiante.
Estaba prologada por su amiga Fernán Caballero y dedicada a Gertrudis Gómez de
Avellaneda [1]. Ese
mismo año logra publicar Coloma en el folletín de El Tiempo, y poco a poco conquista el ámbito de revistas y prensa
diaria.
Suelen
ser, las de folletín, novelas de
enredo simples, facilonas y sentimentales, con un clímax al final de cada
capítulo. En España nacen hacia 1836, prolongándose hasta entrado nuestro
siglo. El Diario de Barcelona, en 1842, inició la publicación de su folletín con poemas del padre Arolas y
un artículo de Martínez de la Rosa, entre otras cosas varias. Es curioso ver
cómo el clero jugó un papel proporcional importante en este nuevo modo de
edición literaria. El triunfo del folletín va unido a los nombres de autores
como Pérez Escrich, Sinués, Ángela Grassi y Tárrago, por no incluir al propio
Coloma, enormemente popular tras la publicación, en El Mensajero, de Pequeñeces,
entre otros títulos [2].
Ese
mismo año de 1871 viaja a Madrid y establece valiosos contactos, tanto
literarios como políticos. Por esos días, en las logias de la capital hay
"una constante preocupación por temas que entran claramente en el ámbito
de lo político o de lo social; pero además hemos comprobado que no se trata de
un mero interés teórico, sino que pretenden participar activamente en ellos. Se
trata, normalmente, de problemas reales, que afectan a la vida política y
social no sólo de Madrid, sino también del resto del territorio nacional. Es
decir, estudian temas de actualidad: situación de la clase obrera, modo
práctico de mejorar sus condiciones morales y materiales; causas de las
emigraciones, problemas que sufre el país desde que se inició el siglo XIX y
cómo deben ser encauzadas por parte de la administración" [3].
Al
año siguiente, en 1872, publica varios artículos, entre ellos uno titulado El día de difuntos, que sale en El Progreso el 1 de noviembre. Según
algunos biógrafos del jesuita, debió ser escrito en los días en que Coloma
estuvo convaleciente de una herida de bala en el pecho, herida gravísima que
estuvo a punto de dar con sus huesos en la tumba.
Este
episodio ha sido interpretado de mil y una maneras. Se dijo que el balazo
recibido fue consecuencia de un duelo, una posibilidad sin duda muy romántica
pero escasamente probable. También se comentó que la herida no fue de bala,
sino de arma blanca, y que se la habían producido a Coloma en Sevilla, en una
reyerta por un asunto de amoríos, el día de la inauguración del café de
Emperadores. Debió comentarse esta posibilidad a raíz de la publicación de un
artículo de don Genaro Cavestany en El
Liberal, de Sevilla y en El Diario de
Cádiz, una vez fallecido Luis
Coloma. Dicho artículo, con el título de Cómo
se inauguró el café de Emperadores, se recogió luego, además, en el libro Memorias de un sesentón sevillano
(Sevilla, 1917) [4].
La
tercera teoría sobre el incidente habla de que a Coloma se le pudo disparar una
pistola de forma accidental. Hay una carta de Fernán Caballero dirigida al
poeta Fernando de Gabriel, fechada en Sevilla el 7 de octubre de 1872, en la
que se puede leer: "El pobre Coloma, el moro de paz por excelencia, compró
una pistola, instrumento que le sentaba como a Napoleón I una lira, y al
cargarla se le fue el tiro, pero con tan buena suerte que no se mató, como
debería haber sucedido" [5].
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| Coloma a los veintitrés años. |
Por
su parte, Emilia Pardo Bazán, en la Biografía
de Coloma, dice: "...hirióle en el pecho una bala de revólver... Este lance
lo atribuyeron algunos a misteriosas causas; pero los mejor informados aseguran
que Luis Coloma se hirió a sí mismo involuntariamente, en ocasión de estar limpiando
el arma en su cuarto".
Creo
que hubo algo más en el asunto, como parece ponerlo en evidencia un artículo,
aparecido en ABC, y firmado por
Pemartín, donde se puede leer: "En aquella habitación, de bruces sobre la
mesa, gravemente herido de un tiro de pistola, yacía Luis Coloma. La ilustre y
venerable personalidad... a quien debo estos detalles, testigo aún viviente de
ellos, no puede -o tal vez no quiere- precisar su pormenor. ¿El motivo? Mi
ilustre interlocutor me deja entrever el de aquella locura de juventud en el
amor rival por una bellísima señorita..." [6]. Me
inclino a pensar, sin embargo, que no estuvo en el amor la clave del incidente.
Habla Hornedo de la existencia de una carta del padre Gonzalo Coloma, hermano
de Luis y jesuita como él, dirigida al padre Eguía, en la que Gonzalo baraja la
posibilidad de que Luis pudiese haber resultado herido por una disputa
política. Escribe Gonzalo: "Probablemente ese tiro se le disparó alguien,
masculino, después de una acalorada disputa ¿amorosa?; no, seguramente;
¿política?, quizá..." [7]. Lo que parece probado es que no se hirió él
mismo accidentalmente, como escribe Fernán en la carta a Fernando de Gabriel, de
7 de octubre de 1872, sino que alguien le dio el tiro deliberadamente.
Hornedo,
que ha podido revisar de primera mano las anotaciones y cuadernos personales de
Coloma, aporta en su estudio algunos datos más que parecen apoyar la idea de
que otra persona, no se sabe quién, hirió a Coloma. El biógrafo y estudioso de
Coloma afirma también que "fue otro el que le hirió, aunque Coloma ocultó
noblemente la verdad echándose a sí mismo la culpa" [8]. Con
todos los respetos hacia Hornedo, eso me parece mucho decir, pues las
intenciones de Coloma al cubrir así el asunto es imposible conocerlas. Y sin
conocer la causa desencadenante del hecho, tampoco creo lícito afirmar que
Coloma actuase en este caso con nobleza. Hornedo se limita a imaginar, cosa
que, en mi calidad de escritor, no pienso criticar en absoluto. Más aún: usando
con harta liberalidad la imaginación, y como jugando, hasta podríamos conectar
el incidente del tiro a Coloma con el atentado sufrido en la ficción por su
personaje Jacobo, masón muerto a manos de masones en Pequeñeces. Sobre todo por lo oscuro y misterioso de ambos asuntos,
no por el parecido entre Coloma y el personaje de Jacobo Téllez-Ponce. Aunque
sólo jugando, desde luego, pues más sensato sería hallar algo de Coloma en el
jesuita Cifuentes, otro importante personaje de la novela. En ciertos momentos
creativos, me consta por experiencia propia que el novelista busca reflejarse,
al mismo tiempo, en varios personajes, dándole a cada cual una parcela de su
propia biografía. Lo cierto es que este asunto queda, hasta el momento,
envuelto en la densa y especial bruma del misterio».
[1] Salió en Madrid, en una colección de novela denominada "La familia cristiana, Biblioteca de
novelas morales dedicada a la juventud", números 27 a 29.
[2] Como es bien sabido, el folletín es
un trabajo literario que se publica en la parte inferior de las páginas de los
periódicos, o a veces en apartadizos o cuadernillos que se cosen al final. La novela de folletín -traducción del
francés roman feuilleton- es la
novela que se escribe especialmente para ser publicada en un periódico. Inició
la moda el periódico francés Le Siècle
en 1836. Luego se extendió la novedad por medio mundo. Conviene diferenciarla,
no obstante, de la novela por entregas,
cuyo origen no es exactamente el mismo y que tiene, por otro lado, mayor
antigüedad. Pickwick (1833), de
Dickens, nació por este procedimiento.
[3] ROLDÁN RABADÁN, María Teresa, "Cuestiones políticas y sociales tratadas
por algunas logias madrileñas", en FERRER, J.A., Masonería, Política y Sociedad, Zaragoza, CEHME, 1989, v. I, p. 33.
[4] El propio Coloma lo recuerda en sus escritos
a propósito del relato de otra bronca que describe. Dice así: "un
estudiante de Derecho de los últimos cursos, jerezano por más señas, resultó
gravemente herido de un navajazo, a mediados de septiembre de 1868, el día que
se inauguró en Sevilla el café de Emperadores". No añade nombres ni otros
datos, pero la fecha que da es significativa, pues no coincide con la de 1872,
año en que resultó herido él. Hornedo alega en su estudio que "ese
estudiante no pudo ser Luis Coloma" porque "recién terminado el
bachillerato llegó por vez primera a Sevilla a mediados de septiembre de 1868.
Y cuatro años después, en 1872, fue herido de un balazo en el pecho. Se trata,
pues, de dos hechos distintos". El alegato de Hornedo me parece razonable,
aunque también cabe la posibilidad de que el susomentado café sufriese alguna
reforma o algún cambio radical y se reinaugurase con el mismo nombre en 1872, cosa
que se nos antoja -por otra parte- muy poco probable.
[5] Reproducida en ASENSIO, José María, Fernán
Caballero y la novela contemporánea, Madrid, 1893.
[6] PEMARTÍN, José. ABC, Madrid, 1 de
octubre de 1952.
[7] Epístola del P. Gonzalo Coloma al P. Eguía, de fecha 9 de agosto de 1915.
[8] HORNEDO, Rafael María de, op. cit
nota 16, pp. XXVI-XXVII. Aquí se habla de un cuaderno, escrito en 1879, donde
figuran guiones de pláticas para jóvenes colegiales. En él aparece la
descripción -que Hornedo cree autobiográfica- del incidente en cuestión.
.·.
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